La paradoja de la lectura: entre lo escrito y lo efímero
En el 2022 llevé a Oberá un bolso enorme (de esos que antes se usaban en los viajes de larga distancia para pasar vacaciones lejos de casa) , con decenas de libros que había seleccionado de mi biblioteca, y otros que había comprado exclusivamente para llevarlos allá, porque según yo, estaría tan aburrida durante mi estadía académica, que debía matar mis tiempos libres con la lectura. La realidad fue otra. No leí ni un solo libro durante los dos años de mi estadía, pues me adentré tanto a la cultura, a los entornos académicos, a las actividades sociales, a las salidas con amistades, a toda situación donde pudiera socializar y aprender todo lo que estaba a mi alcance desde la experiencia directa. Así fue que, cuando me tocó trasladar nuevamente todas mis cosas hasta Encarnación, me enojé tanto con esa versión mía que había llevado tantos libros, pues ya me generaba tanta carga innecesaria jajaj… El tiempo pasó. El tiempo sigue pasando, y todos esos aprendizajes tan directos, se...






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